Beatriz Moro, presidenta de Win-Cero (Bodegas Familiares Matarromera), explica la trayectoria de una bodega española pionera en la desalcoholización del vino, con 23 años de historia.
- Beatriz Moro, presidenta de Win-Cero (Bodegas Matarromera): «Tenemos la necesidad social de atender a la gente que no quiere beber, pero desea pertenecer al mundo del vino” “Hay nuevos hábitos; los jóvenes antes se iban de botellón, ahora van al gimnasio”. “Ahora los grandes restaurantes se dan cuenta de que hay que maridar sus menús también para quienes no beben alcohol.”
La idea surgió de la visión del viticultor y enólogo Carlos Moro, quien identificó una necesidad en el mercado de vinos sin alcohol. El objetivo principal es integrar a las personas que no pueden o no quieren consumir alcohol en la cultura del vino, ofreciéndoles una alternativa para disfrutar del maridaje y las celebraciones.
Actualmente, la bodega ofrece cinco vinos sin alcohol, incluyendo un verdejo, un tempranillo joven, un crianza de 12 meses, y dos espumosos, uno de los cuales ha ganado medalla de oro. Aunque el sector de vinos sin alcohol es pequeño, está creciendo rápidamente debido a la demanda social y a la calidad del producto. La exportación representa el 70% de las ventas, siendo Estados Unidos el principal cliente. Ante los desafíos en el mercado estadounidense, Bodegas Matarromera busca diversificar y fortalecer su presencia en el mercado interno, enfocándose en el público joven.
Gastroystyle: ¿Vuestra bodega es la primera en desarrollar el vino sin alcohol?
Beatriz Moro: Somos los primeros absolutos en desalcoholización en España y en Europa. El proyecto surgió hace 23 años.
G.S.: ¿Cómo surgió elaborar vino sin alcohol cuando todavía apenas se veía venir esta tendencia?
B.M.: Esa intuición la tuvo mi padre, Carlos Moro. Tiene una mente joven, no sé si más joven que la mía, sabe ver más allá. Tiene una capacidad de ver el mercado, es una mente disruptiva totalmente. Imagínate ponerte las gafas de hace 23 años…. Yo creo que es una persona que tiene un conocimiento muy profundo del sector, que es capaz de ver más allá y de entender a la sociedad de una forma en la que no muchos se atreven. Mi padre está también presente en muchos foros, participa con numerosas entidades; entonces le da una capacidad de conocimiento muy profundo de todo.
G.S.: Es magnífico comprobar cómo una intuición nacida hace 23 años ha sido desarrollada y ha alcanzado el interés de la opinión pública.
B.M.: La verdad es que me emociona mucho haber llegado a cabo este proyecto de vino sin alcohol, que es muy personal también. Yo lo lancé con mi padre. Actualmente tenemos cinco vinos sin alcohol: Un verdejo, un tempranillo joven, un crianza de 12 meses, en el que puedes observar los sabores terciarios, la madera. También tenemos dos espumosos; un verdejo y un rosado.
Han premiado con medalla de oro a nuestro rosado espumoso en la categoría de espumosos con y sin alcohol.
G.S.: ¿Cómo atraer a ese público joven, super atleta, al mundo del vino?
B.M.: Cuando hoy vas a un restaurante a cenar, de diez personas dos no toman alcohol. Entonces, nuestro deseo es dar la bienvenida al mundo del vino a todas las personas que no puedan tomar o no quieran tomar alcohol. Hay nuevos hábitos a nivel social, los jóvenes antes se iban de botellón, ahora van al gimnasio. Los nuevos hábitos saludables son tendencia. Entonces, esto encaja mucho más con estos nuevos hábitos saludables, de cuidarse.
G.S.: ¿Qué ofrece tu bodega a los consumidores de vino sin alcohol?
B.M.: Tenemos la necesidad social de atender a la gente que no quiere beber, pero desea pertenecer al mundo del vino. Tenemos el producto, ahora la labor importantísima es la comunicación; cómo hacemos saber que este producto existe y que hay esta conexión posible.
Estamos en el momento de la comunicación; de cómo mis clientes se enteran de que existe el vino sin alcohol.
Entonces, ese es el eslabón que estamos ahora definiendo, porque el producto lo tenemos. El vino en España es cultura, historia, emoción, simbolismo. Es un brindis, es compartir, somos sociales por naturaleza. Hay muchas personas que se sienten excluidas en este entorno porque no pueden compartir, no pueden brindar.
G.S.: Brindar con agua sigue dando mal rollo…
B.M.: Estás comiendo y no es lo mismo tener tu copa de vino y maridar tu comida con un vino que con un refresco o soda. Y ahora los grandes restaurantes ya se dan cuenta de que hay que maridar sus menús también para las personas que no beben alcohol. Antes no se incorporaba a las personas que no bebían alcohol, y se mantenían aisladas. Ahora somos capaces de acoger y abrazar a estas personas. Lo que queremos es incorporar toda esta maravilla que es el mundo del vino y, no solo eso; también el maridaje.
G.S.: ¿Qué porcentaje de vino sin alcohol se consume?
B.M.: El sector de vinos sin alcohol dentro de la proporción del mundo del vino es muy pequeñito. Lo que pasa es que el porcentaje de vinos sin alcohol está creciendo a gran ritmo por la demanda; porque hay una necesidad social.
G.S.: ¿Cómo es el cliente del vino sin alcohol?
B.M.: Yo pensé en un principio que eran jóvenes entre 20 y 30 años. Y sí que es verdad que están ahí; es un segmento grande. Pero me he dado cuenta de que hay un público muy amplio entre los 40, 50 y 60 años; hombres y mujeres. Es un público que nos está demandando muchísimo el vino sin alcohol. Tenemos la necesidad social de atender a la gente que no quiere beber, pero desea estar perteneciendo al mundo del vino.
G.S.: ¿Cuáles son los países a los que más exporta tu bodega vinos sin alcohol?
B.M.: El mayor porcentaje de ventas del vino sin alcohol, el 70%, es en exportación. Además, uno de mis clientes principales es Estados Unidos. En este sentido, en esta coyuntura haremos lo que podamos. Vamos a plantear diferentes estrategias, también a diversificar más. El mercado de vinos sin alcohol está en auge, especialmente en el extranjero, como en el norte de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
G.S.: ¿Esta circunstancia de los aranceles de Trump puede ser una oportunidad para poner el foco en el mercado interior y en la juventud?
B.M.: Totalmente. A veces a los jóvenes el mundo del vino les intimida mucho. Consumir vino sin alcohol es una forma muy suave y agradable de meterse en el mundo de los vinos. Para empezar, no hay muchas bodegas que hagan este tipo de vino. Y para seguir, el vino sin alcohol es muy agradable, es muy fácil, es sencillo de beber, es amable y tiene todos los componentes maravillosos culturales del vino, de emoción, de compartir. Es vino fermentado. O sea, este vino tiene todos los antocianos, todos los taninos, todos los componentes antioxidantes. Este puede ser un momento oportuno para diversificar, para abrir más mercado; dar la opción con y sin alcohol.


