Paisaje de Mariana, un proyecto galardonado en Castilla-La Mancha
Paisaje de Mariana fue uno de los proyectos destacados en la última edición de los Premios de Arquitectura y Urbanismo del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (COACM), celebrada en Cuenca en junio. El complejo se alzó con el premio en la categoría «Obra Nueva Otros Usos», compartiéndolo con otros proyectos reconocidos. Esta obra, realizada por el estudio G+A Arquitectura y promovida por Ecoresort Dehesa Boyal SL, ha marcado un precedente en la provincia de Cuenca al combinar un enfoque innovador en la arquitectura hotelera con una integración total en el entorno natural.
El jurado destacó cómo la “disgregación del programa integra el paisaje, utilizando un lenguaje contemporáneo” para definir el concepto detrás de esta obra. En la ceremonia, celebrada en el Museo de Paleontología de Castilla-La Mancha (MUPA), el equipo de arquitectos, compuesto por Constantino Antolínez, Eduardo Herrero y Raúl Cardo, recibió el reconocimiento. Agradecidos, resaltaron el valor de ser reconocidos en una región donde, según Herrero, “los proyectos privados no abundan y suelen carecer de los recursos de otras comunidades”.
Una propuesta en colaboración con el entorno
El Hotel Paisaje de Mariana es un proyecto que ha permitido a los arquitectos trabajar con libertad creativa gracias al apoyo del promotor, Ricardo de Marco de Grupo Prhomarco, especializado en construcción con prefabricados de hormigón. “Aquí, el cliente no solo respaldó la idea, sino que aportó ideas valiosas que enriquecieron el diseño”, menciona Herrero, subrayando que a menudo en arquitectura los conceptos innovadores se ven limitados por cuestiones de presupuesto o por la simple practicidad. Sin embargo, en esta obra, el equipo pudo dar rienda suelta a una arquitectura integrada y respetuosa con el paisaje.
En este sentido, el proyecto busca realzar la belleza natural de la Dehesa del Boyal en la Serranía de Cuenca, con un complejo que agrupa 16 construcciones pequeñas (12 alojamientos y cuatro edificios de uso común) que se mimetizan con el entorno. Se han empleado materiales como madera, hormigón y piedra, logrando que la arquitectura pase casi inadvertida en medio del paisaje, sin modificar la orografía del terreno. Cada estructura se apoya sutilmente en la pendiente del suelo, sin cimentación invasiva, respetando así el carácter natural del espacio.
Diseños modulares que respetan el terreno
Los alojamientos, diseñados en módulos rectangulares de 50 y 56 metros cuadrados, están suspendidos sobre el suelo, generando un efecto de “flotación” que permite que la naturaleza fluya incluso bajo las construcciones. “El entorno tiene un peso especial en este proyecto”, afirma Herrero. La disposición de cada módulo asegura que las vistas al paisaje no se vean obstaculizadas, brindando a los huéspedes una experiencia en contacto directo con la naturaleza sin perder el confort propio de un hotel de cuatro estrellas.
Además, los interiores de los alojamientos han sido orientados estratégicamente para ofrecer vistas al río Júcar, con grandes ventanales que enmarcan la vegetación ribereña, proporcionando una especie de “pantalla natural” que cambia con las estaciones. Un detalle distintivo de cada módulo es su terraza de hormigón de 14 toneladas, una característica que representa la firma del promotor y agrega un toque único a cada espacio.
Una obra arquitectónica que respeta el ritmo de la naturaleza
Este complejo turístico busca ser un referente en el turismo ecológico de la región. La construcción, en su totalidad, suma una superficie de 872,63 metros cuadrados, distribuidos en pequeñas edificaciones que se camuflan con el entorno. Los elementos constructivos, ligeros y modulares, brindan a los interiores un ambiente acogedor, mientras que los materiales naturales utilizados, como la madera y el acero, permiten que la arquitectura se funda con la naturaleza.
Los cambios estacionales se vuelven parte de la experiencia del visitante. “En otoño, la chopera se tiñe de tonos ocres; en invierno se desnuda, y en verano exhibe un verde intenso”, describe el arquitecto, destacando cómo el entorno forma parte de la atmósfera del hotel.
Espacios para actividades de educación y desconexión
El hotel también cuenta con una sala multifuncional, pensada para realizar actividades educativas en contacto con la naturaleza y pequeñas conferencias, ideal para encuentros de ecoturismo. Tres módulos adicionales de uso comunitario completan la entrada al complejo, y todos juntos conforman un entorno donde las actividades al aire libre y el disfrute del paisaje son protagonistas.

La intención de este complejo es ser más que un lugar de alojamiento. Su diseño y filosofía lo convierten en un lugar de retiro para escapar de la rutina, conectado al medio natural. Su integración con el entorno y la arquitectura dispersa de pequeñas construcciones le otorgan un sentido de respiro y respeto hacia el paisaje. Herrero concluye: “La arquitectura tiene el poder de mejorar un paisaje, y en este caso lo hace al integrarse sin perturbar, sumando elementos mínimos y discretos”.
El Hotel Paisaje de Mariana es un ejemplo de cómo la arquitectura puede fusionarse armoniosamente con la naturaleza, ofreciendo a los huéspedes un espacio donde el paisaje es el verdadero protagonista.


