Audemars Piguet amplía su universo creativo con Royal Oak Joaillerie, una colección que traslada los códigos estéticos de su icónico reloj a nuevas creaciones de alta joyería. La propuesta combina geometría arquitectónica, metales preciosos y piedras de color en diseños que reinterpretan el característico brazalete Royal Oak y establecen un diálogo entre relojería, joyería y artesanía.
La colección debuta con las líneas Dream of Joux y Risoud Eclipse, a las que se suma una serie de brazaletes y collares Frosted Gold. Las tres propuestas toman como referencia La Vallée de Joux, en el Jura suizo, donde la Manufactura mantiene sus raíces desde 1875, y exploran distintas formas de trabajar la luz, la textura y el volumen.
La geometría del Royal Oak, más allá de la relojería
Desde su presentación en 1972, el Royal Oak ha destacado por una estética que rompió con los códigos tradicionales de la relojería de lujo. Diseñado por Gérald Genta, incorporó una caja de acero con acabados manuales, bisel octogonal fijado mediante tornillos hexagonales y brazalete metálico integrado. Su combinación de carácter deportivo y acabados refinados estableció un lenguaje visual que ha evolucionado a través de distintas generaciones.
En 1976, Jacqueline Dimier reinterpretó el modelo para mujer, adaptando sus proporciones y resaltando sus superficies facetadas. Posteriormente, la colaboración entre Dimier y Emmanuel Gueit amplió las posibilidades de la colección, con la llegada del Royal Oak Offshore y una línea de joyería Royal Oak en los años noventa.
Royal Oak Joaillerie retoma esa herencia y la transforma en piezas concebidas para explorar nuevas posibilidades expresivas, manteniendo como elementos centrales la geometría de los eslabones, el trabajo artesanal del metal y los contrastes entre superficies satinadas y pulidas.
Dream of Joux y Risoud Eclipse: dos interpretaciones de La Vallée de Joux
La línea Dream of Joux se inspira en los paisajes del valle, desde los lagos helados y los cielos nocturnos hasta los motivos florales. Sus brazaletes, elaborados en oro blanco, amarillo y rosa de 18 quilates, incorporan diamantes y gemas de color como zafiros, espesartinas, turmalinas, amatistas, tsavoritas y topacios. La paleta abarca azules profundos, verdes intensos, rosas y tonalidades solares.
La propuesta incluye también un collar tipo corbata y pendientes largos que evocan un paisaje invernal. Los diamantes talla pera se combinan con eslabones de titanio azul anodizado y zafiros azules engastados en pavé, en una composición que juega con el movimiento y la luminosidad.
Por su parte, Risoud Eclipse toma como referencia el bosque de Risoud bajo un cielo oscuro y la imagen de un eclipse. El collar que inaugura esta línea y su brazalete a juego combinan eslabones y pernos de titanio con tratamiento PVD negro, esmeraldas centrales talla sugarloaf y diamantes talla brillante. El pulido de las piedras y la alternancia de acabados en el metal buscan intensificar los reflejos y destacar el color de las esmeraldas.
La tercera propuesta es la serie Frosted Gold, formada por brazaletes y collares de oro blanco, rosa y amarillo de 18 quilates. Su acabado, inspirado en una antigua técnica florentina, fue desarrollado en colaboración con la diseñadora Carolina Bucci en 2016, con motivo del 40 aniversario del Royal Oak para mujer. El efecto de polvo de diamante se consigue martillando delicadamente el metal con una herramienta con punta de diamante, mientras que los pernos pulidos y achaflanados aportan nuevos contrastes de luz.


Un legado joyero que se remonta al siglo XIX
La joyería forma parte de la historia de Audemars Piguet desde sus orígenes. A lo largo de los años, la Manufactura ha desarrollado técnicas de miniaturización, engaste y trabajo del metal, además de colaborar con casas como Tiffany, Cartier, Oscar Heyman y Bvlgari en la creación de relojes concebidos como colgantes, broches y anillos.
En el siglo XX, la evolución del reloj de pulsera abrió nuevas posibilidades para experimentar con materiales, formas y ornamentación. Entre las piezas destacadas de su patrimonio figura un reloj Tutti Frutti vendido en 1929, equipado con el calibre 5/7SB, que la marca identifica como el movimiento más pequeño que había producido hasta entonces.
En la década de 1980, el auge de los relojes con brazaletes soldados impulsó la creación de un taller de joyería propio. Esta evolución desembocó en piezas de alta joyería y relojería personalizada, así como en colecciones posteriores que exploraron nuevas formas de engaste y composición.
Con Royal Oak Joaillerie, Audemars Piguet continúa desarrollando ese conocimiento artesanal y lo proyecta sobre uno de sus diseños más reconocibles. Una colección que amplía los límites entre reloj y joya, conservando la geometría característica del Royal Oak y trasladándola a un lenguaje de metales preciosos, piedras de color y acabados realizados a mano.


